Bari

Basílica de San Nicola de Bari
Basílica de San Nicola de Bari

La capital de la región de Puglia es una hermosa ciudad que ha vivido una gran metamorfosis en los últimos 10 años. Las calles del casco antiguo, conocido como Bari “vecchia”, hace tiempo degradados, se han convertido en el centro de la vida nocturna de la ciudad. El nuevo mobiliario urbano, los locales nuevos, las rutas turísticas, y las casas transformadas en entrañables Bed & Breakfast, otorgan a Bari un nuevo aire, innovador y con proyección. El bullicio se apodera de los pequeños restaurantes y tabernas, llenando de vida el casco antiguo de Bari, que podemos dividir en tres puntos estratégicos: la Piazza Mercantile, la Piazza Ferrarese, y la Muraglia. Se trata de una ciudad nocturna, pacífica y animada,  que parece querer encender de nuevo la llama del ocio y la cultura, ofreciéndonos contrastes por ejemplo en la Piazza Mercantile, donde podemos encontrar desde barbacoas de pescado y carne, restaurantes refinados, o locales donde tomar algo y escuchar buena música.

Bari es la segunda ciudad del Mezzogiorno, y con 320 mil habitantes, es una de las capitales económicas del sur de Italia, gracias en parte a su importante puerto que permite el tráfico con Oriente, y sede de la Fiera del Levante. Gracias a esta posición hacia el este, Bari inició el comercio con Grecia desde tiempos antiguos. Después de la conquista romana del siglo III a.C, se convirtió en un importante puerto marítimo y el nudo de camino donde se encontraban la vía Appia y la vía Trajana.

En la época medieval, Bari fue lombarda, sarracena y bizantina, sede de la flota del Imperio de Oriente. De este periodo es precisamente la estructura urbanística del centro histórico. En 1071, la ciudad fue conquistada por Roberto el Guiscardo, pasando así de la órbita del Oriente Bizantino, a la órbita del Accidente latino, alcanzando así su máximo esplendor. Más tarde llegó su periodo decadente que se inició con los Angioini y continuó con los Aragoneses. Cuando los Borbones subieron al poder en el siglo XVIII, la ciudad se encontraba limitada y superpoblada entre sus murallas. Por este motivo, Gioacchino Murat concibió un ambicioso proyecto de expansión, el actual barrio murattiano, que relanzó Bari como el principal puerto de la región. En la segunda mitad del 1900, Bari continuó con su expansión sobre las vías de tren y a lo largo de la costa, englobando olivares y  granjas, llegando practicamente a los cercanos centros de Modugno y Bitetto.

Actualmente, la ciudad está constituida por tres partes: Bari Vecchia (el Casco Viejo), sobre un pequeño promontorio que da al mar; el pueblo del siglo XIX, conocido como “Borgo Murattiano”, corazón económico y sede de los teatros y del Palazzo Municipal; y finalmente la ciudad moderna, con los barrios residenciales.

Bari Vecchia

Con sus calles sinuosas de piedra, la ciudad vieja de Bari nos invita a pasear sin rumbo por todos sus rincones, disfrutando de las fachadas de los edificios medievales reformados, y de las iglesias renacentistas y barrocas. En nuestro paseo, nos sorprenden numerosas plazas donde las amas de casa, todavía hoy en día, ponen a secar las “orecchiette” recién hechas a mano, que venden a los turistas a muy buen precio.

En 2005 el Ayuntamiento de Bari ha iniciado un proceso de reurbanización del centro histórico que ha cambiado la cara y la atmósfera de las plazas y las calles. Una de las puertas de acceso a la zona antigua es la plaza del Ferrarese, amplia, luminosa, con el pavimento blanco, los edificios neoclásicos, palmeras, y las terrazas de los locales nocturnos. A la izquierda tenemos la Sala Murat, que alberga muestras de arte contemporáneo, y a la derecha, el viejo mercado del pescado.

Más adelante, entre los ábsides románicos de la iglesia Vallisa , fundada en el siglo X, que alberga hoy conciertos y representaciones artísticas. A tan sólo unos pocos pasos, tenemos la Piazza Mercantile, antiguo centro comercial de la ciudad, donde se alza el Palazzo del Sedile, con el pórtico coronado por bustos. Fue construido alrededor de 1543 como sede del Consiglio dei Nobili e dei Primari, que fue sede de la universidad ciudadana, equivalente al actual consejo municipal, pero donde tenia audiencia la corte real y se administraba la justicia.  En el centro surge la Columna de la Justicia del siglo XIII, y la Fontana della Pigna del siglo XVII. Desde esta atractiva plaza, podemos ir caminando a lo largo de los muros, que tiempo atrás era bañado por el mar Adriático. Vía Venecia, dedicada a la ciudad que liberó Bari de los Sarracenos, y que nos ofrece unas vistas preciosas al centro.

Podemos detenernos en un punto panorámico, como es el teatro Margherita, y el fuerte de San Antonio Abad. Este paseo a lo largo del mar nos regala vistas únicas al centro, sus tejados, el mar y la Basílica de  San Nicola. Continuando hacia el Bastión, encontramos Santa Scolastica, la iglesia de fachada barroca de un monasterio que se remonta a la Alta Edad Media, y que en el siglo XVI se englobó dentro del bastión. La Santa Scolastica alberga muestras e iniciativas culturales, y que se prevé sea la nueva sede del Museo arqueológico.

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La Basílica de San Nicola

El símbolo de la ciudad y el corazón de la religiosidad de Bari se alza entre cuatro plazas, conocidas como Corti del Catapano, nombre del gobernador bizantino que probablemente tenía aquí su palacio. Consagrada en 1197, la basílica es una de las obras maestras del estilo románico pugliese, con una imponente fachada flanqueada por dos campanarios, toda en piedra calcárea blanca. En el lado norte tenemos la monumental Porta dei Leoni (Puerta de los Leones), decorada por bajorrelieves que representan una serie de escenas caballerescas. En su interior de tres naves, encontramos un techo de madera dorada y altos arcos que se apoyan en los capiteles esculpidos con figuras de flores y animales. También son medievales los copones con capiteles figurados y una silla episcopal conocida como Cattedra di Elia. En la cripta bajo el crucero, con 28 columnas con capiteles románicos, se conservan los restos del santo, lugar de culto y peregrinaje de católicos y ortodoxos.

La plaza frente la basílica está cerrada por el Portico dei Pellegrini, con cinco arcadas, y por la iglesia de San Gregorio, delante de la cual se alza la estatua de bronce de San Nicola, obra del artista moscovita Zurab Tsereteli.

La Catedral de Bari

En el centro del casco antiguo de Bari se alza la Catedral, una construcción de estilo románico pugliese erigido durante la época bizantina, en la primera mitad del siglo XI sobre un antiguo lugar de culto y reedificada por el arzobispo Rainaldo a mediados del XII. La catedral de Bari está dedicada a San Sabino, y tiene una fachada de estilo gótico con portales del siglo XI, y un rosetón abarrotado de criaturas fantásticas y monstruosas.

En el lado derecho, el Palazzo Arcivescovile alberga el Museo Diocesano, que cuenta la historia de la catedral a través de cuadros y objetos litúrgicos. La pieza más preciosa es el Exultet, un rollo de pergamino de 5 metros escrito por el Monasterio de San Benedetto, con la escritura y los diseños en sentido inverso: mientras el sacerdote recitaba los himnos, los que no sabían leer podían reconocer las figuras.

Castillo Normando Suevo

En el margen del casco antiguo, adosado al viejo perímetro de las murallas y con vistas a los muelles de San Vito y Pizzoli, el Castillo Normando Suevo de Bari tiene cuatro torres angulares y un patio interno de estilo renacentista, por el que se accede al atrio de ingreso con un portal esculpido en el siglo XIII. En esta zona ya en la época romana existía una estructura defensiva que en el siglo XI fue incorporada por los bizantinos en un complejo sistema de fortificación. A este aspecto, los normandos añadieron la función de control del territorio. Alrededor de 1233, el castillo fue restaurado por Federico II, que revalorizó el aspecto residencial gracias a la apertura de una ventana en las gruesas estructuras defensivas.

En el siglo XVI, acogió la fastuosa corte de Isabel de Aragón y de Bona Sforza, que hicieron construir grandes baluartes con torreones angulares sobre el foso, y un bastión en los tres lados. El cuarto lado estaba protegido por el mar. En la planta baja encontramos la Gipsoteca, que recoge calcos en yeso de esculturas románicas. Los amplios salones del piso superior se utilizan para eventos y exposiciones.

La ciudad moderna

Al inicio del siglo XIX se derribaron las murallas para dar paso a la ampliación de la ciudad: la retícula regular de calles que recibe el nombre de ciudad murattiana,  cuyo nombre se debe al vice rey de Nápoles y cuñado de Napoleón. Gioacchino Murat. Donde tiempo atrás se alzaba la muralla, cerca del Castillo hoy se extiende el arbolado Corso Vittorio Emanuele, centro de la vida de la ciudad, con numerosos bares y restaurantes. En frente encontramos el Teatro Piccini, con el frontón y las columnas neoclásicas, el más antiguo de la ciudad, inaugurado en 1854 con una obra de Donizetti.

En el Corso Vittorio Emanuele  empieza la calle peatonal Sparano, donde se concentran todas las tiendas de marcas italianas y extranjeras de lujo. A mitad de la calle, haciendo esquina con vía Putignani, el edificio Mincuzzi es un negocio histórico de ropa que se remonta al siglo 1895, hoy en día, la tienda de Benetton. La calle paralela, Corso Cavour, está dominado por la fachada del Teatro Petruzzelli, reabierto en 2009 después del incendio que lo devastó en 1991. El nuevo teatro es idéntico al antiguo, pero con estructuras de vanguardia. En el exterior se encuentran estatuas de los músicos Gioachino Rossini, Giuseppe Verdi y Vincenzo Bellini. Corso Cavour se une con el corso Vittorio Emanuele cerca del Porto Vecchio, donde atracab las barcas de los pescadores que pescan pulpos con palos. En el muelle de San Nicola hay paradas de venta de pescado.

En frente, cara al mar, el Teatro Margherita, inaugurado en 1910, es un emblema de la ciudad, donde se han organizado exposiciones e instalaciones de artistas contemporáneas, desde Jannis Kounellis Hasta Jimmy Durham. En el Paseo Marítimo Nazario Sauro, entre los edificios de los años treinta , se alza el Palazzo della Provincia, que alberga la Pinacoteca provincial Corrado Gianquinto, dedicada al artista de Apulia que del 1753 al 1762 fue pintor en la corte de España, donde pintó el palacio de Aranjuez, el Escorialy el Buen Retiro.

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